1. Los expertos creen que besamos para oler la calidad de nuestra pareja. Cuando tu cara y la de ella se unen, las feromonas intercambian información biológica para saber si crearán hijos fuertes. A nivel subconsciente, ellas prefieren el olor de los hombres con genes que aportan varias proteínas al sistema inmunológico. Es decir, que el hombre ideal es el que nos dará hijos más sanos. ¡Nada romántico!
2. La costumbre de trazar una X como símbolo de un beso se originó en la Edad Media. En esa época, las personas que no sabían leer ni escribir hacían una X en el lugar donde debía ir su firma, y después la besaban como señal de sinceridad.
3. Como ocurre con las huellas digitales y los copos de nieve, no hay dos impresiones de labios que sean totalmente iguales. Este dato se usa hasta en la ciencia forense.
4. Algunos hombres y mujeres pueden tener un orgasmo sin que nadie los toque. Basta con que contraigan sus músculos pélvicos y/o sus glúteos. Tristemente, es una habilidad que pocos tienen.
5. Durante la excitación, los labios vaginales interiores se expanden al doble o triple de su tamaño normal. Y si tu necesitas una prueba infalible de que ella no está fingiendo el orgasmo, basta con que los mires. Su color cambia justamente antes del clímax, tornándose rosados, rojo brillante o vino intenso.
6. La gente hace cosas muy raras para excitarse. Entre los artículos extraídos del recto de los pacientes en los hospitales están: un plátano (con condón), un salame, una espátula plástica, una botella de vino tinto, un cuerno de vaca, una lata de spray, un mango de escoba y dos manzanas. Nada sexy.
7. Para dar un beso en la mejilla usas 2 músculos faciales; Para dar uno apasionado, empleas ¡Los 34 músculos!
8. Por cada página "normal" que hay en la internet, hay cinco páginas de pornografía.
9. El récord del beso más largo lo tienen los italianos Andrea Sarti y Anna Chen. El día de San Valentín del 2004, se besaron por 31 horas, 18 minutos y 33 segundos. Usaron el dinero del premio para su boda.
10. Hay mujeres muy, muy afortunadas, que pueden llegar al clímax simplemente si su pareja les acaricia los pezones y se los besa.
